12/31/2010

La Villa de Chapala, introducción.

Introducción

 Toda nuestra vida puede girar alrededor de un punto en el tiempo y en el espacio: Chapala, por definición, ha sido el eje alrededor del cual han dado vueltas por varias generaciones -tres para ser más específico-, algunas historias de amor y otras de odio; ha sido la escenografía para grandes tragedias, para muchas comedias y algunos melodramas. Ha sido, también, un lugar que induce a imaginar y tal vez a realizar los grandes proyectos de vida; se han dado encuentros amorosos definitivos y, sin duda, es el lugar perfecto para huir del mundanal ruido y retraerse en un refugio más que amable para todo aquel que entiende su esencia: la belleza de la fantasía de un lugar tan real como es la Villa de Chapala.

Como todo en esta vida, Chapala ha tenido épocas en que se tiraron cohetes y otras en que sólo se recogió vara y ha sido el escenario donde se han llevado a cabo, desde la última década del siglo XIX, hasta hace poco, grandes y pequeños proyectos, grandes fiestas, bodas y celebraciones; incluso hemos encontrado a un escritor inspirado que pudo escribir ahí mismo, de un sólo jalón, una de sus mejores novelas. La Villa de Chapala tiene, pues como Dios manda, su propia historia. Este libro se acerca un poco a los hombres y sus proyectos más importantes que transformaron, como catalizadores, al pequeño pueblo de pescadores en una señora Villa a las orillas del lago del Chapala; lo hemos adornado con otras anécdotas que le dan un poco más de colorido y una crónica sobre el trabajo y los días que pasó D.H. Lawrence en la Villa, así como lo que escribió ahí mismo.
El apogeo ocurrió a principios del siglo XX, justo cuando Ignacio Arzapalo decide construir una ampliación de su primer Hotel y el inglés Septimus Crow se instala en un chalet de madera sobre una de las colinas, que bautiza con el nombre de la Villa de Monte Carlo y don Porfirio Díaz y su familia, invitados por Lorenzo El Chato Elízaga, su concuño, van a descansar, año tras año, desde 1904 hasta 1910, durante la Semana Mayor (de lunes a lunes, como dicen los cronistas) en una de las mejores villas: la de El Manglar, propiedad en aquel entonces de El Chato -casado con Sofía, hermana de doña Carmen Romero de Rubio-, después de Jorge Dipp y ahora de José Manuel Gómez Vázquez Aldana. Villa que, sin duda sigue siendo una de las mejores en la ribera oriente. Tiene enormes jardines y una vista única y clara sobre la Villa de Chapala donde resaltan torrecitas -ahora desiguales- de su parroquia.
 

 

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